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Armand

Martes, 3 de noviembre de 2026 Reflexiones diarias Número 5
octubre sábado, 9:00 Masonería

La piedra bruta

El primer símbolo que recibe un aprendiz es una piedra sin labrar. Y no se le pide que la sustituya, sino que la trabaje.

Entre los símbolos de la masonería hay uno especialmente humilde: la piedra bruta. Una roca tal y como sale de la cantera, irregular, con aristas y defectos. Al lado suele aparecer la piedra cúbica, ya labrada, capaz de encajar con otras para levantar un muro.

Lo que me sigue pareciendo profundo es que la piedra bruta no se tira. No se cambia por otra mejor. Es la misma piedra la que, golpe a golpe, se convierte en sillar. El material es el que hay: nuestro carácter, nuestras costumbres, nuestras heridas.

Las herramientas tampoco son mágicas. El mazo representa la voluntad; el cincel, el discernimiento. Uno sin el otro no sirve: la voluntad sin criterio rompe la piedra, y el criterio sin voluntad no la toca.

Trabajar la piedra bruta es trabajar sobre uno mismo, con paciencia y sin prisa por terminar.

Y una última idea: ninguna piedra se labra para quedarse sola. Se pule para poder encajar. El trabajo interior, si es auténtico, acaba notándose en cómo convivimos con los demás.

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