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Armand Lusquiños

Lunes, 2 de noviembre de 2026 Reflexiones diarias Número 5
Filosofía

Conócete a ti mismo

La inscripción del templo de Delfos sigue siendo la tarea más difícil y la más aplazada.

Por Armand Lusquiños Lunes 2 de noviembre, 9:00

En el pórtico del templo de Apolo en Delfos, según cuentan los antiguos, estaba escrito: conócete a ti mismo. Sócrates hizo de esa frase un modo de vida, y muchas tradiciones iniciáticas la han recogido después a su manera, invitando a descender al propio interior antes de pretender cambiar nada fuera.

Parece una tarea evidente. Pasamos con nosotros mismos todas las horas del día. Y, sin embargo, es asombroso lo poco que nos observamos: repetimos reacciones, defendemos opiniones que nunca hemos examinado, nos sorprendemos de nuestro propio enfado.

Conocerse no es hacer una lista de virtudes y defectos. Es más parecido a mirar con atención y sin juzgar. ¿Qué me ha molestado hoy? ¿Por qué esa frase me ha dolido tanto? ¿De dónde viene esta prisa?

El que se conoce no necesita tener razón tan a menudo.

Quizá por eso los antiguos lo pusieron en la entrada del templo y no en el altar: no es la meta, es la puerta. Todo lo demás viene después.

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Días anteriores

Budismo

El vaso ya está roto

Una enseñanza del maestro tailandés Ajahn Chah para disfrutar de lo que tenemos sin agarrarnos a ello.

Domingo 1 de noviembre, 9:00

Se cuenta que el maestro Ajahn Chah tenía un vaso que le gustaba mucho. Le gustaba cómo reflejaba la luz y el sonido que hacía al golpearlo con el dedo. Y, sin embargo, decía: para mí este vaso ya está roto.

No lo decía con tristeza. Sabía que un día un golpe del viento o un codo despistado lo tiraría al suelo. Al aceptarlo de antemano, podía disfrutar plenamente de cada día en que el vaso seguía entero. Y cuando se rompiera, solo pensaría: claro.

La impermanencia suele presentarse como una mala noticia. Todo cambia, todo se acaba, nada dura. Pero esta historia le da la vuelta: precisamente porque nada dura, cada cosa es valiosa ahora.

Para practicar

Elige hoy algo que aprecies: una relación, una costumbre, la salud de esta mañana. Míralo un momento como lo miraba Ajahn Chah, sabiendo que es frágil. Lo normal es que no te entristezca. Lo normal es que lo aprecies un poco más.

Masonería

La piedra bruta

El primer símbolo que recibe un aprendiz es una piedra sin labrar. Y no se le pide que la sustituya, sino que la trabaje.

Sábado 31 de octubre, 9:00

Entre los símbolos de la masonería hay uno especialmente humilde: la piedra bruta. Una roca tal y como sale de la cantera, irregular, con aristas y defectos. Al lado suele aparecer la piedra cúbica, ya labrada, capaz de encajar con otras para levantar un muro.

Lo que me sigue pareciendo profundo es que la piedra bruta no se tira. No se cambia por otra mejor. Es la misma piedra la que, golpe a golpe, se convierte en sillar. El material es el que hay: nuestro carácter, nuestras costumbres, nuestras heridas.

Las herramientas tampoco son mágicas. El mazo representa la voluntad; el cincel, el discernimiento. Uno sin el otro no sirve: la voluntad sin criterio rompe la piedra, y el criterio sin voluntad no la toca.

Trabajar la piedra bruta es trabajar sobre uno mismo, con paciencia y sin prisa por terminar.

Y una última idea: ninguna piedra se labra para quedarse sola. Se pule para poder encajar. El trabajo interior, si es auténtico, acaba notándose en cómo convivimos con los demás.

Filosofía

Lo que depende de mí

Epicteto separó el mundo en dos montones. Casi todo nuestro sufrimiento viene de confundirlos.

Viernes 30 de octubre, 9:00

Epicteto, que había sido esclavo, abre su Enquiridión con una frase que parece sencilla: unas cosas dependen de nosotros y otras no. Dependen de nosotros nuestros juicios, nuestros deseos, lo que decidimos hacer. No dependen de nosotros el cuerpo, la reputación, el dinero, lo que piensen los demás.

Leído deprisa suena a resignación. Leído despacio es justo lo contrario: es una forma de concentrar toda la energía donde de verdad puede hacer algo.

Pienso en cuántas mañanas empiezan con la cabeza ocupada en cosas del segundo montón. Una llamada que no llega, una decisión que tomará otro, un resultado que ya no se puede cambiar. Ese peso no mueve nada; solo cansa.

Un ejercicio para hoy

Antes de la primera preocupación del día, hazle una pregunta: ¿esto depende de mí? Si la respuesta es sí, decide el siguiente paso y dalo. Si es no, nómbralo, reconoce que te importa y déjalo en su montón.

No es indiferencia. Es dejar de empujar paredes para poder abrir las puertas que sí tienen picaporte.

Espiritualidad

Por qué a las nueve

Una cita diaria con uno mismo. No hace falta que sea larga; hace falta que sea a la misma hora.

Jueves 29 de octubre, 9:00

Cada mañana, a las nueve, aparecerá aquí una reflexión. La hora no es casual: es el momento en que el día ya ha arrancado, pero todavía no nos ha arrastrado del todo. Hay un pequeño hueco entre el primer café y la primera urgencia, y ese hueco es el que quiero cuidar.

Todas las tradiciones que me interesan coinciden en algo: lo importante no se hace una vez, se repite. El monje vuelve a sentarse cada mañana aunque ayer ya se sentó. El aprendiz vuelve a la piedra aunque ayer ya la trabajó. El filósofo vuelve a la pregunta aunque ayer creyó haberla respondido. Una vida la moldea menos lo extraordinario que lo que se repite en silencio.

Este blog es eso: un ejercicio diario, hecho en público para obligarme a no saltármelo. Escribiré sobre filosofía, sobre espiritualidad, sobre el simbolismo de la masonería y sobre la práctica budista. No como alguien que ha llegado, sino como alguien que sigue caminando y toma notas.

Si te sirve leerlas, bienvenido. Si un día no te dicen nada, vuelve mañana: a las nueve habrá otra.