Lo que depende de mí
Epicteto separó el mundo en dos montones. Casi todo nuestro sufrimiento viene de confundirlos.
Epicteto, que había sido esclavo, abre su Enquiridión con una frase que parece sencilla: unas cosas dependen de nosotros y otras no. Dependen de nosotros nuestros juicios, nuestros deseos, lo que decidimos hacer. No dependen de nosotros el cuerpo, la reputación, el dinero, lo que piensen los demás.
Leído deprisa suena a resignación. Leído despacio es justo lo contrario: es una forma de concentrar toda la energía donde de verdad puede hacer algo.
Pienso en cuántas mañanas empiezan con la cabeza ocupada en cosas del segundo montón. Una llamada que no llega, una decisión que tomará otro, un resultado que ya no se puede cambiar. Ese peso no mueve nada; solo cansa.
Un ejercicio para hoy
Antes de la primera preocupación del día, hazle una pregunta: ¿esto depende de mí? Si la respuesta es sí, decide el siguiente paso y dalo. Si es no, nómbralo, reconoce que te importa y déjalo en su montón.
No es indiferencia. Es dejar de empujar paredes para poder abrir las puertas que sí tienen picaporte.
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